En este cuarto domingo del tiempo ordinario, el Evangelio presenta el primer gran discurso que el Señor sugiere a la gente, en lo alto de las suaves colinas que rodean el lago de Galilea y proclama: «bienaventurados» a los pobres de espírutu, a los que lloran, a los misericordiosos, a quienes tienen hambre de justicia, a los limpios de corazón, a los perseguidos. Se trata de una enseñanza que viene de los lo alto y toca la condición humana, precisamente la que el Señor, al encarnarse, quiso asumir, para salvarla.
Tres pequeños propósitos que todo cristiano puede hacer en Año Nuevo
Mons. José Gómez, Arzobispo de los Los Ángeles (Estados Unidos), es uno de los que sugiere realizar esta práctica.
Celebramos hoy con los Magos la Epifanía
Celebramos hoy con los Magos la Epifanía. A través de ellos, Dios se manifiesta a todo el orbe. De estos entrañables personajes solo sabemos lo que el Espíritu ha revelado en el Evangelio de Mateo. No consta que sean Reyes ni cuántos son. Se les nombra como «magos», que significa sabios. En Herodoto y Jenofonte «magos» son una casta sagrada de medos y persas, con saberes astronómicos y creencias adivinatorias. Para señalar su procedencia el evangelista utiliza un término ambiguo: «Oriente». En el contexto cultural judío sería más allá del Jordán. Un día descubren un astro. Giotto dibuja en la Capilla de los Scrovegni un cometa. Quizás habría contemplado el Halley, de recurrente aparición periódica. Desde su pintura, la Estrella de Belén se representa con una estela luminosa. Nuestros Magos indagarían la causa. Su ciencia no consigue descubrir el arcano, pero, iluminada por la fe, vislumbra el Misterio. Intuyen que anuncia un gran nacimiento y se disponen a seguirla. Dios les llama a través de su estudio. El entendimiento abierto a la fe. Así, cuando un estudioso pretende alcanzar las causas últimas de la realidad objeto de su análisis y desemboca en una reflexión sobrenatural.