II Domingo de Pascua. Fiesta de la Divina Misericordia

abril 10, 2021

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Templo Carmelitas.

  • 10:00 Misa. Sufragio Ramón Solaz Durá; Carmen Rubio Hernández
  • 19:00 Misa. Sufragio Julio Parra y Margarita Álvarez

Ermita Virgen Desamparados – Campolivar

  • 11:00 Misa. Sufragio Difuntos Familia Benito Simón

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (4,32-35):

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,2-4.16ab-18.22-24

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (5,1-6):

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

Se puso en medio

El evangelio de Juan dibuja con rasgos precisos cómo se quedan los discípulos al desaparecer Jesús de entre ellos. Podrían servir para describir algunas de nuestras comunidades: «está anocheciendo» y
comienza a apagarse la luz; los discípulos están paralizados «por el miedo»; el grupo permanece «con las puertas cerradas» y sin horizonte alguno. Sencillamente, falta Jesús.

Cuando lo experimentan de nuevo lleno de vida en medio de ellos, todo cambia y se transforma. No están solos. Está Jesús en medio de ellos animando, impulsando y recreando al grupo. Él los libera del
miedo, les infunde paz, les contagia su alegría, abre puertas y ventanas: «Paz a vosotros. Recibid el Espíritu. Yo os envío como el Padre me envió a mí».

El centro de una comunidad cristiana no es el párroco, la superiora ni el abad. Es Cristo vivo, escondido en el corazón de cada creyente, y resplandeciente en la amistad, el afecto mutuo y el servicio recíproco
de todos. Esta experiencia de Jesús viviente, recordada, buscada y alimentada en la cena del Señor, en la escucha de su evangelio y en la oración compartida es lo único que puede transformar hoy nuestras
parroquias, grupos y comunidades.

Si no sentimos su presencia viva entre nosotros, ¿quién va a llenar nuestro corazón, ¿dónde se va a alimentar nuestra alegría?, ¿qué nos va a sostener? Y, si falta la alegría que brota de Jesús, quién va a comunicar algo «nuevo y bueno» a la gente de hoy, ¿quién va a enseñar a creer de manera más viva? ¿quién va a abrir caminos nuevos hacia los que sufren?

En muchos países, la Iglesia comprueba que sus ritos y doctrinas interesan cada vez menos. Lo estamos pasando mal. Pero, lo que está sucediendo no es, quizás, tan malo. Nos va a hacer bien. Cada vez va a ser más imposible un cristianismo vacío del espíritu de Jesús y de la frescura del evangelio. Pronto nos veremos obligados a hacernos preguntas cada vez más esenciales. Pronto nos iremos comprometiendo en una transformación más evangélica de nuestras comunidades.

La fuerza del Viviente no se apagará.

Avisos Parroquiales