Miércoles de la IV semana del Tiempo Ordinario

febrero 3, 2021

Templo Carmelitas

  • 19:00 Misa. Sufragio Francisca Peiró Darder (4.º Aniversario) y Alfredo Sasera
  • A continuación exposición del Santísimo hasta las 20:30 h

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 12,4-7.11-15:

Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:

«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión;
porque el Señor reprende a los que ama
y castiga a sus hijos preferidos».
Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.
Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.
Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.
Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

Salmo

Salmo Sal 102,1-2.13-14.17-18a La misericordia del Señor dura siempre, para aquellos que lo temen

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Reflexión del Evangelio

De https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/3-2-2021/

Que nuestro amor se extienda a todos

Hemos pedido en la oración colecta amar a Dios con todo el corazón y como consecuencia que este amor se extienda a todos los seres humanos. No puede ser de otra manera. Amar a Dios verdadermente exige ser probado, expresarlo en la única forma posible: amando a todos. Porque esa es la característica del amor de Dios: universalidad.

El pasaje de la carta a los Hebreos que se proclama en el día de hoy, señala cinco puntos que conviene resaltar:

El primero: “Todavía nos habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.” ¿Cómo entender esto que se nos dice? Estamos en un camino/proceso de conversión. Ese proceso termina cuando somos llamados por Dios a su presencia, terminada la andadura terrenal. Por eso, mientras es tiempo, hay que colaborar con Dios en la obra de la propia santificación. Tomarnos en serio la vida conforme al Espíritu, con todas las consecuencias.

El segundo: “habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron…” El autor sagrado apela a la experiencia personal: toda corrección es molesta, pero luego, cuando surte su efecto positivo, hay paz interior y agradecimiento. De ahí que es prudente no olvidar. Porque Dios nos ama, nos corrige y esta corrección está marcada por el mucho amor que él nos tiene. No se produce la respuesta en base al temor, sino seducidos por el amor.

En tercer lugar: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana.” Tres imperativos que no pueden dejarse de lado. La oración inicial de la celebración los resalta: asi como Dios actúa tenemos que actuar nosotros. Frente a la debilidad, fortaleza; ante la vacilación, robusteced/ sostener; caminar con el otro por una senda llana. Recuerda la invitación de Isaías: allanad el camino al Señor. Una convivencia fundada en el amor que procede de Dios.

En cuarto lugar: “Buscad la paz con todos y la santificación.” La paz y la santidad se derivan del amor que sostiene todo el esfuezo por hacer realidad ambas en la existencia humana. No se puede entender la una sin la otra.

Y en quinto lugar: “Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios.” Una mirada universal, como la de Dios. Una determinación universal: que todos experimenten la Gracia. Todo tendrá como consecuencia la constancia en la lucha contra el mal. No dejarse seducir por el Maligno.

La misericordia del Señor dura por siempre…

Cuatro veces  repetimos dicho versículo en el salmo interleccional. Conviene no olvidar que la ternura y la misericordia de Dios son eternas. Su amor se manifiesta en el perdón y la misericordia. Por esto hablar de una y otra es acercarse al amor de Dios. Y desde la permanencia en el amor de Dios haremos partícipes a los que nos rodean, a los que tratamos cada día, incluso a quienes se nos enfrentan en ocasiones, que la misericorida de Dios es eterna. Estaremos sacando de la expeiencia personal lo que Dios nos ha regalado a cada uno.

No pudo hacer allí ningún milagro por su falta de fe

La fe sin experiencia del amor misericordioso de Dios resulta hueca, inútil y sin sentido. De ahí que Jesús mandé aprender lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios.” Aquellos paisanos de Jesús, dice Marcos, que les resultaba escandaloso, lo que él decía, enseñaba, vivía y realizaba. Allí escaseaba la fe. Como en casi todo Israel. ¿Escasea en nosotros?

La serie de preguntas que este pasaje del evangelio de Marcos recoge, ponen de manifiesto que cuestionan todo lo que se les presenta, de palabra y de obra, porque rompe con los esquemas a los que están acostumbrados. Pensemos nosotros cada una de las preguntas: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos?”  Luego el ambiente familiar, demasiado conocido, demasiado normal, en exceso corriente. Para ellos nada hay sobresaliente en el ámbito familiar. Jesús los califica: “No desprecian a un profeta más que en su propia tierra, entre sus parientes y en su casa.”  Así lo escuchamos reiteradamente en los pasados días de la Navidad, cuando en el Prólogo del evangelio de Juan, se dice: vino a los suyos y no lo recibiron.

La fe permite ver, experimentar y comprender toda la novedad que se ha hecho visible, palpable, cercana, del misterio mismo de Dios. No es consecuencia de lo que vemos, sino que abre el entendimiento de tal manera, que comienza a reconocer todo lo nuevo que Dios está llevando a cabo. Y eso ocurre en la propia vida. Pero también en nuestro entorno. Aprender a mirar con los ojos de Jesús permite que lo nuevo aparezca ante nosotros y nos seduzca.

¿Nos dejamos seducir por el amor de Cristo? ¿Y el amor de los hermanos provoca crecer en la comunión fraterna?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

San Blas

De https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-4096

Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba de la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico, para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo.

Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo.

Cuando estalló la persecución de Diocleciano, se fue San Blas a esconderse en una cueva de la montaña, y desde allí dirigía y animaba a los cristianos perseguidos y por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudarles y a socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevarles la Sagrada Eucaristía.

Cuenta la tradición que a la cueva donde estaba escondido el santo, llegaban las fieras heridas o enfermas y él las curaba. Y que estos animales venían en gran cantidad a visitarlo cariñosamente. Pero un día él vio que por la cuesta arriba llegaban los cazadores del gobierno y entonces espantó a las fieras y las alejó y así las libró de ser víctimas de la cacería.

Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso. Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis, o paseo triunfal, pues todas las gentes, aun las que no pertenecían a nuestra religión, salieron a aclamarlo como un verdadero santo y un gran benefactor y amigo de todos.

El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de Jesucristo y si se pasaba a la religión pagana, pero San Blas proclamó que él sería amigo de Jesús y de su santa religión hasta el último momento de su vida.

Entonces fue apaleado brutalmente y le desgarraron con garfios su espalda. Pero durante todo este feroz martirio, el santo no profirió ni una sola queja. El rezaba por sus verdugos y para que todos los cristianos perseveraran en la fe.

El gobernador, al ver que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza. Y cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio iba bendiciendo por el camino a la inmensa multitud que lo miraba llena de admiración y su bendición obtenía la curación de muchos.

Pero hubo una curación que entusiasmó mucho a todos. Una pobre mujer tenía a su hijito agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia un sitio por donde debía pasar el santo. Se arrodilló y le presentó al enfermito que se ahogaba. San Blas le colocó sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niñito recobró su salud. El pueblo lo aclamó entusiasmado.

Le cortaron la cabeza (era el año 316). Y después de su muerte empezó a obtener muchos milagros de Dios en favor de los que le rezaban. Se hizo tan popular que en sólo Italia llegó a tener 35 templos dedicados a él. Su país, Armenia, se hizo cristiano pocos años después de su martirio.

En la Edad Antigua era invocado como Patrono de los cazadores, y las gentes le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. El 3 de febrero bendecían dos velas en honor de San Blas y las colocaban en la garganta de las personas diciendo: “Por intercesión de San Blas, te libre Dios de los males de garganta”. Cuando los niños se enfermaban de la garganta, las mamás repetían: “San Blas bendito, que se ahoga el angelito”.

A San Blas, tan amable y generoso, pidámosle que nos consiga de Dios la curación de las enfermedades corporales de la garganta, pero sobre todo que nos cure de aquella enfermedad espiritual de la garganta que consiste en hablar de todo lo que no se debe de hablar y en sentir miedo de hablar de nuestra santa religión y de nuestro amable Redentor, Jesucristo.