Nuestra Señora del Pilar

Ermita del Salvador

  • 18:30 Rosario
  • 19 :00 Misa
  • A continuación Exposición del Santísimo

Primera lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel, para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas.

Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.

David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales – arpas, cítaras y platillos – para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.

Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo

Salmo 26, 1. 3. 4. 5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R/.

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 12-14

Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.

Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen»

Reflexión del Evangelio de hoy

El Documento final de la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad: “Hacia una Iglesia plenamente sinodal” de octubre de 2024, termina con un magnífico párrafo, dedicado a María: “A la Virgen María, que lleva el espléndido título de “Odighitria”: “Aquella que indica y guía el camino”, confiamos los resultados de este Sínodo. Que Ella, Madre de la Iglesia, que en el Cenáculo ayudó a la comunidad naciente a abrirse a la novedad de Pentecostés, nos enseñe a ser un Pueblo de discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal “(n. 155.).

“Aquella que indica y guía el camino”

Las lecturas de la Eucaristía de hoy nos muestran el cómo.

En el Primer libro de las Crónicas se nos describe la liturgia procesional, ordenada por el rey David, para llevar el Arca de la Alianza al monte Sión en Jerusalén, en el lugar en el cual su hijo Salomón edificará el Templo. El Arca contenía el signo más sagrado para Israel: las tablas de la Ley dadas por Dios a Moisés. No eran un simple código de mandamientos. Eran el camino para permanecer fieles a la Alianza que Yahveh estableció con su pueblo y de la que dependía la identidad y la santidad de los israelitas.

La imagen de la Virgen del Pilar lleva, sostiene y muestra al verdadero Camino de la nueva y definitiva Alianza que es Jesús mismo.

En la segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles , se indica cómo María está reunida con los apóstoles orando en común, esperando y pidiendo la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés. La Madre de Jesús es ahora también la Madre de la Comunidad, intercesora. El Niño Jesús de la imagen del Pilar tiene en sus manos un pajarito con las alas abiertas que nos recuerda al mismo Espíritu prometido y dado por Cristo.

En el Evangelio, el mismo Jesús hace el mejor elogio de su Madre. No se queda en su maternidad biológica, sino remite a su grandeza espiritual: “¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!”

La imagen de la Virgen del Pilar en su basílica de Zaragoza es pequeñita. Sólo 36 centímetros. Pero en su sereno rostro nos ofrece confianza y consuelo, y en su manto recogido, como si comenzase a caminar, nos entrega toda su ayuda para recorrer el camino sinodal de la Iglesia.

“¡Virgen del Pilar, arca de la nueva Alianza, pilar que fortalece nuestra fe, discípula fiel y oyente de la Palabra, Tú que nos muestras a Jesús, dador del Espíritu Santo, indica, guía y acompaña nuestro camino de discípulos y discípulas misioneros!”

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra (Asunción, Paraguay)