Ermita de Campolivar
19:00 Misa
Templo Carmelitas
20:00 Misa
Evangelio y lecturas
Primera lectura
1 Jn 2, 29 – 3, 6 • Todo el que permanece en él no peca.
Queridos hermanos: Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.
Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.
Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido.
Palabra de Dios
Salmo responsorial
Sal 97, 1-6
℟. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. ℟
Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. ℟
Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. ℟
Evangelio
Jn 1, 29-34 • Este es el Cordero de Dios.
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo». Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio
San Juan Crisóstomo, obispo (s. IV) • Sobre el Evangelio de san Juan. Su vida entregada es un sacrificio perenne. Homilía 18
«¡Este es el Cordero de Dios!» dice Juan Bautista. Jesucristo no habla; es Juan quien dice todo. El Esposo tiene la costumbre de actuar así. No dice nada a la Esposa sino que se presenta y se mantiene en silencio. Otros lo anuncian y lo presentan a la Esposa. Cuando ella aparece, el Esposo no la coge él mismo sino que la recibe de manos de otro. Pero después de haberla recibido de este modo, se une tan fuertemente a ella que la Esposa ya no se acuerda de los que ha dejado para seguir al Esposo.
Esto se realiza en Cristo. Ha venido para unirse a su Esposa, la Iglesia. El mismo no ha dicho nada, sólo se presenta. Es Juan, el amigo del Esposo, que ha unido la mano del Esposo y de la Esposa. Con otras palabras: el corazón de los hombres que él ha preparado por su predicación. Entonces, Jesucristo los ha recibido y los ha colmado de tantos bienes que ya no han vuelto a aquel que los condujo hacia Cristo. Sólo Juan, el amigo del Esposo, ha estado presente en estas nupcias. El lo hizo todo en aquel momento. Dirigiendo su mirada hacia Jesús que venía, dijo: «¡Este es el Cordero de Dios!» Así mostraba que no era solamente por la voz sino también por los ojos que daba testimonio del Esposo. Admiraba a Cristo y, contemplándolo, su corazón saltaba de gozo. Aunque no anuncie por la predicación, lo admira presente y da a conocer el don que trajo Jesús con su venida. Enseña a la gente cómo prepararse a recibirlo. «¡Este es el Cordero de Dios!» Es él, dice, que quita los pecados del mundo. Lo hace sin cesar. Aunque una sola vez ofrece el sacrificio de su vida por los pecados del mundo, este único sacrificio tiene un efecto perenne.