Jesucristo sumo y eterno sacerdote

mayo 27, 2021

Templo Carmelitas

  • 19:00 Misa. Sufragio Teresa Mendoza Rubio y José Miguel Mas Peiró
  • A continuación Exposición del Santísimo hasta las 20:30

PRIMERA LECTURA (opción 1)

Jer 31, 31-34

Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados
Lectura del libro de Jeremías.
YA llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Juda una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—.
Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo:
«Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Heb 10, 11-18
Ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados
Lectura de la carta a los Hebreos.
TODO sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo, “después de haber ofrecido” por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados. Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo.
En efecto, después de decir:
«Así será la alianza que haré con ellos
después de aquellos días»,
añade el Señor:
«Pondré mis leyes en sus corazones
y las escribiré en su mente,
y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas».
Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 109, 1bcde. 2.3 (R/.: 4bc)

R/.   Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

        V/.   Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies».   R/.
        V/.   Desde Sion extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.   R/.
        V/.   «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora».   R/.

Aleluya

Heb 5 8-9
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
Y, llevado a la consumación,
se convirtió, para todos los que lo obedecen,
en autor de salvación eterna.   R/.

EVANGELIO

Mc 14, 12a. 22-25
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EL primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo».
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Palabra del Señor

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Jesucristo sumo y eterno sacerdote

De https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-en-algunos-paises-se-celebra-la-fiesta-de-jesucristo-sumo-y-eterno-sacerdote-32331

Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza

En el Nuevo Testamento con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real:

“Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (1 Pedro 2,9)

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma:

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza:

“Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec” (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: “Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos” (Hebreos 9,11).