Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo, apóstoles

noviembre 18, 2020

Templo de las Carmelitas

  • 19:00 Misa
  • 19:30 Adoración al Santísimo. Confesiones

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (4,1-11):

Yo, Juan,

miré y vi una puerta abierta en el cielo; y aquella primera voz, como de trompeta, que oí hablando conmigo, decía:
«Sube aquí y te mostraré lo que tiene que suceder después de esto».
Enseguida fui arrebatado en espíritu. Vi un trono puesto en el cielo, y sobre el trono uno sentado. El que estaba sentado en el trono era de aspecto semejante a una piedra de diamante y cornalina, y había un arco iris alrededor del trono de aspecto semejante a una esmeralda.
Y alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, y sobre los tronos veinticuatro ancianos sentados, vestidos con vestiduras blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas. Y del trono salen relámpagos, voces y truenos; y siete lámparas de fuego están ardiendo delante del trono, que son los siete espíritus de Dios, y delante del trono como un mar transparente, semejante al cristal.
Y en medio del trono y a su alrededor, había cuatro vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer viviente era semejante a un león, el segundo a un toro, el tercero tenía cara como de hombre, y el cuarto viviente era semejante a un águila en vuelo. Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas, estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa:
«Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha de venir».
Cada vez que los vivientes dan gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y arrojan sus coronas ante el trono diciendo:
«Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 150,1-2.3-4.5

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V/. Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza. R/.

V/. Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras;
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas. R/.

V/. Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28):

EN aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.
Dijo, pues:
«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.
Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:
“Negociad mientras vuelvo”.
Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:
“No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.
Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo:
“Señor, tu mina ha producido diez”.
Él le dijo:
“Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.
El segundo llegó y dijo:
“Tu mina, señor, ha rendido cinco”.
A ese le dijo también:
“Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.
El otro llegó y dijo:
“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
Él le dijo:
“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
Entonces dijo a los presentes:
“Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
Le dijeron:
“Señor, ya tiene diez minas”.
Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

De  https://www.regnumchristi.org/es/miercoles-18-de-noviembre-de-2020-jesus-confio-en-ti/

Seguramente has visto alguna vez la imagen de la Divina Misericordia. La imagen de Jesús que se apareció a santa Faustina Kowalska. En la parte de abajo de la pintura hay unas sencillas palabras. Para ser exactos son sólo 4 palabras. Sencillas y profundas a la vez: ¡Jesús, confío en Ti!

Estoy seguro que el Evangelio de hoy te invita a ti y a mí a repetir estas mismas palabras desde el corazón: ¡Jesús, confío en Ti! Y es que podemos decir estas palabras porque antes Él, el mismo Dios, el rey del que nos habla el Evangelio, ha confiado en nosotros. ¡Jesús cree en ti, Jesús espera en ti, Jesús confía en ti! Sin duda alguna, la prueba más grande de esta confianza que ha puesto en ti son los dones que te ha dado. Podemos empezar desde el don de la vida, de la salud; pero también, porque no, por el don de la enfermedad; el don de poder hablar para consolar a otros, el don de… ¡Cuántos dones le podemos agradecer a Dios! ¡Cuántas gracias nos ha regalado a través de María, su madre!

El rey del que nos habla el Evangelio de hoy entrega a sus empleados monedas de mucho valor y después parte hacia un país lejano. A su regreso, pide encontrarse de nuevo con sus empleados. Y estos le entregan aquello que habían producido con los «dones» recibidos. Así como lo narra el Evangelio, será el momento en el que nos encontremos con Dios cara a cara. El velo que nos impide verlo ahora se levantará y nos presentaremos a Dios, no sólo con los dones que nos ha dado, sino también con todas aquellas buenas obras que estaban llenas de amor. ¡Ésta es nuestra misión! Estas buenas obras, estos tesoros que acumulamos en el cielo, estos pequeños actos escondidos de amor son el verdadero fruto de los dones y son ahora nuestra misión. Todas aquellas cualidades y habilidades que el Señor nos ha dado, como por ejemplo, cocinar con amor, trabajar poniendo amor y estudiar por amor toman un valor eterno. El amor transforma todo lo que hacemos en la vida ordinaria en incienso agradable a Dios.

En este momento de oración, te invito a gritar desde tu corazón: ¡Jesús, confío en Ti! Para agradecer los dones que te ha dado y también para que Él llene todo lo que haces con su amor.

Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo, apóstoles

De Aciprensa

Cada 18 de noviembre la Iglesia celebra la dedicación de las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, templos ubicados en la ciudad de Roma, en los que reposan los restos de estos dos apóstoles, símbolos de la unidad de la Iglesia.

La primera Basílica de San Pedro (Ciudad del Vaticano) fue construida sobre la tumba de dicho Apóstol, por orden del emperador Constantino, en el año 323. La edificación actual data de 1454 y su construcción tomó 170 años. Se empezó durante el pontificado del Papa Nicolás V y fue terminada por el Papa Urbano VIII, quien la consagró el 18 de noviembre de 1626. Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Bernini, célebres maestros, trabajaron en ella plasmando lo mejor de su arte. La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho y 133 metros de altura, hacia el punto más alto de la cúpula. Ningún otro templo del mundo cristiano la iguala en proporciones.

Por su parte, la Basílica de San Pablo Extramuros es, después de San Pedro, el templo más grande de Roma. Su construcción fue también voluntad de Constantino. Lamentablemente, en 1823, fue destruida casi en su totalidad por un terrible incendio. Sin embargo, el Papa León XIII inició su reconstrucción y fue consagrada nuevamente el 10 de diciembre de 1854, por el Papa Pío IX. Uno de los detalles más bellos y llamativos que se encuentran en el interior tiene que ver con las imágenes de todos y cada uno de los Papas que han gobernado la Iglesia a lo largo de la historia. Los Papas -desde San Pedro hasta el Papa Francisco- están representados en mosaicos circulares independientes, uno a continuación del otro, dispuestos a lo largo del contorno superior de la nave central y las naves laterales de la Basílica.

En 2009, con motivo de esta celebración, el Papa Benedicto XVI señaló que “esta fiesta nos brinda la ocasión de poner de relieve el significado y el valor de la Iglesia. Queridos jóvenes, amad a la Iglesia y cooperad con entusiasmo en su edificación”.