XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

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Templo Carmelitas.

  • 10:00 Misa
  • 19:00 Misa. Sufragio Julio Parra y Margarita Álvarez

Ermita Campolivar.

  • 11:00 Misa

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:

«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».

Salmo

Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8a. 9-10ac R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Reflexión

Pocas frases de Jesús han sido objeto de interpretaciones más interesadas
e, incluso, de manipulaciones como ésta que escuchamos en el evangelio de
hoy: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Estas palabras de Jesús han sido utilizadas para establecer una frontera
clara entre lo político y lo religioso y defender así la autonomía absoluta del
estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.
Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte,
ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación
religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos
socio-políticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.
El acento de las palabras de Jesús está en la parte final. Le han preguntado
insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente
el problema. Si manejan moneda que pertenece al césar, habrán de
someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una
idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.
De forma inesperada, introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de
la moneda pertenece al césar, pero los hombres no han de olvidar que llevan
en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, sólo le pertenecen a Él.
Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al
césar lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis
a Dios».
Para Jesús, el césar y Dios no son dos autoridades de rango semejante
que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de
cualquier césar y éste no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.
En unos tiempos en que crece el poder del estado de manera insospechada
y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en
medio de una sociedad burocrática donde casi todo está dirigido y controlado
perfectamente, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia
y nuestra libertad por ningún poder.
Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no
hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con
las exigencias fundamentales de la fe.