Martes de la IX semana del Tiempo Ordinario

junio 2, 2020

Templo Carmelitas (aforo 50%)

  • 19:00 Misa
  • 19:30 – 20:30 Exposición del Santísimo

Aviso

Deberán respetarse las medidas de seguridad de seguridad e higiene: los feligreses deberán hacer uso de la mascarilla, sentarse en los bancos y lugares señalizados, respetando en todo momento la distancia de seguridad, las pilas de agua bendita continuarán vacías, el diálogo individual de la Comunión se pronunciará de forma colectiva, distribuyéndose la Eucaristía en silencio y se recibirá en la mano. El saludo de la paz se sustituye por un gesto para evitar el contacto directo.
Se prorroga la DISPENSA DEL PRECEPTO DOMINICAL invitando a la Lectura de la Palabra de Dios. Se ruega que las personas mayores o en situación de riesgo sigan las celebraciones por los medios audiovisuales o por radio y/o soliciten que se les lleve la Comunión a sus hogares

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 12-15a. 17-18

Queridos hermanos:
¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.
Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia, por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables, y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.
Así pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.

Salmo

Sal 89, 2. 3-4. 10. 14 y 16 Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Se acercaron y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?». Adivinando su hipocresía, les replicó:
«¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».
Se lo trajeron. Y él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».
Le contestaron:
«Del César».
Jesús les replicó:
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Y se quedaron admirados.

Reflexión del Evangelio

De https://www.dominicos.org/predicacion

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva

Pedro dice que ha de ser una espera activa: añade, “apresurad la venida del Señor”. El Señor ha venido y ha venido para quedarse. Primero vino en cuerpo mortal, como el nuestro; tras su muerte y resurrección sigue presente entre nosotros, en nosotros, de modo misterioso. Y con él se hace presente el cielo nuevo, la tierra nueva, el nuevo tiempo. No de manera plena, sino deficiente, como somos los que habitamos esa tierra, bajo ese cielo. Apresurar la plenitud, de nuevos cielos y nueva tierra, de nuevo tiempo, es mantener el esfuerzo esperanzado de que, por encima de nuestras limitaciones, debilidades, pecados, está la gracia de Dios a la que alude san Pedro. A veces nos parece que nuestro esfuerzo es inútil, y tienta el cansancio, si no el abandono. Hay que mantener la paciencia, que va unida a la paz interior en medio de la lucha. Nos lo dice el texto. No podemos renunciar a ir construyendo un mundo más humano, que sea un reflejo del Reino de Dios, que predicó Jesús. A construirlo empezando por lo que se mueve en nuestro interior y se refleja, ante todo, en el ámbito en que nos movemos, pero mira más allá de nosotros y los “nuestros”, a hombres y mujeres que pisan esta tierra. Sin esperanza, no hay proyecto cristiano. Sin esfuerzo individual no encontraremos la ayuda de Dios.

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Se ha utilizado esta respuesta de Jesús para construir teorías sobre el lugar de la Iglesia, la religión en general en la vida política. De la respuesta de Jesús a una pregunta que no buscaba información, sino poner a Jesús en una mala situación, bien ante el mundo judío, bien ante el poder dominante romano, podía decirse que Jesús se salió por la tangente. Jesús sí tenía claro, que su misión se realizaba sin buscar el poder político. Fue una tentación superada en los cuarenta días de oración y reflexión en el desierto, adonde le llevó el Espíritu, antes de iniciar su misión.

La respuesta de Jesús nos plantearía preguntarnos: qué no es de Dios y qué es de Dios. Siempre se ha distinguido entre lo profano y lo sagrado. Y tantas veces y más se han confundido, se ha hecho sagrado lo profano: por ejemplo, el poder político, el éxito económico… Como también se ha profanado lo sagrado. Por ejemplo, emplear lo sagrado para situarse por encima de los otros.

Todo debe estar orientado a Dios, que es lo mismo que a humanizar nuestra vida, según el proyecto de Dios sobre el hombre. Existen realidades en este mundo que tienen autonomía propia, como diría el Vaticano II, pero sin ser sagradas pueden y deben ser “consagradas” a Dios, es decir, a lo sagrado de este mundo que es la vida humana, a los templos del Espíritu Santo, a los hijos todos de Dios, al reflejo de su presencia entre nosotros.

Ese es nuestro desafío para mantener el esfuerzo en apresurar el mundo nuevo del que nos habla San Pedro. Es motivo de reflexión ver lo que cada uno hacemos, desde el lugar que ocupamos en la familia, en la sociedad para que este mundo se parezca más al que Dios quiere.

Fray Juan José de León Lastra

Santo Marcelino y Pedro

De Aciprensa

Marcelino y Pedro se encuentran entre los Santos romanos que se conmemoran diariamente en el canon de la Misa. Marcelino era sacerdote en Roma durante el reinado de Diocleciano, mientras que Pedro según se afirma, ejercía el exorcismo. Uno de los relatos que habla de la “pasión” de estos mártires, cuenta que fueron aprehendidos y arrojados a la prisión, donde mostraron un celo extraordinario en alentar a los fieles cautivos y catequizar a los paganos. Marcelino y Pedro, fueron condenados a muerte por el magistrado Sereno o Severo, quien ordenó que se les condujera en secreto a un bosque llamado Selva Negra para que nadie supiera el lugar de su sepultura.

Allí se les cortó la cabeza. Sin embargo, el secreto se divulgó, tal vez por el mismo verdugo que posteriormente se convirtió al Cristianismo. Dos piadosas mujeres exhumaron los cadáveres y les dieron correcta sepultura en la catacumba de San Tiburcio, sobre la Vía Lavicana. El emperador Constantino mandó edificar una Iglesia sobre la tumba de los mártires, y quiso que en ese sitio fuera sepultada su madre Santa Elena en el año 827.

El Papa Gregorio IV donó los restos de estos Santos a Eginhard, hombre de confianza de Carlomagno, para que las reliquias fueran veneradas. Finalmente, los cuerpos de los mártires descansaron en el monasterio de Selingestadt, a unos 22 km. de Francfort. Durante esta traslación, cuentan algunos relatos, ocurrieron numerosos milagros.

Las personas oraban: “Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores”.