III Domingo del Tiempo Ordinario

enero 25, 2020

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Templo de las Carmelitas

  • 10:00 Misa
  • 20:00 Misa. Sufragio, Margarita Álvarez Daudén

Ermita de Campolivar

  • 11:30   Misa

Ermita del Salvador

  • 12:30 Misa. Sufragio por Vicente Navarro Taronger (1.º Aniversario)

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (8,23b–9,3):

EN otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga,
el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.4.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

V/. El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

V/. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

V/. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,10-13.17):

OS ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».
¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-23):

AL enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retirá a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

El Evangelio de hoy nos recuerda el momento en que Jesús comenzó a predicar. El evangelista Mateo nos lo presenta como el momento en que se cumple una antigua profecía de Isaías: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. Pero para ser sinceros, las palabras son mayores que la realidad. Lo que sucedió fue algo muy sencillo. En una esquina del mundo de aquel tiempo, lejos, muy lejos, de Roma, que era el centro de aquella civilización, un hombre salió a los caminos y comenzó a predicar. Su mensaje era muy sencillo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. Al principio casi nadie le hizo caso. Apenas unos pocos pescadores –los últimos de la sociedad–, algunas mujeres –igual de mal valoradas– y gente por el estilo. Jesús no era más que un judío marginal y sólo los marginados le hicieron un poco de caso.

Si ése fue el modo como Dios quería presentar su salvación a todo el mundo, desde nuestra
cultura actual, le diríamos que se equivocó de medio a medio. Hoy hubiésemos planteado toda
una campaña en los medios de comunicación, de lanzamiento simultáneo en los países más
ricos y desarrollados del mundo (en los países pobres se lanzaría más tarde), que ofreciese
con claridad los contenidos más importantes y orientados ante todo a captar la atención de los
destinatarios. Para ello, se trataría de ofrecer en primer lugar los aspectos más suaves, fáciles
y gratificadores del mensaje. Con suficiente antelación se habría preparado a un gran número
de predicadores, conferenciantes y escritores que se entregarían a la tarea de presentar el
mensaje de un modo más cercano a la gente. Pero Dios no hizo eso. Más bien lo contrario.
Jesús se acercó a los últimos. Nunca estuvo muy preocupado por el número de sus seguidores
ni por su nivel social. Ni siquiera les puso las cosas fáciles. Sus primeras palabras, ponen
frente al oyente una exigencia radical: “Convertíos” o lo que es lo mismo, “cambiad de vida”.
Pero algo encontraron en él aquellas gentes sencillas y humildes que le siguieron. Con dudas y
vacilaciones, pero le siguieron.

Hoy, también nosotros somos una pequeña comunidad. No ocupamos el centro del mundo. No tenemos los medios de comunicación a nuestro alcance. Ni falta que nos hacen. Apenas
tenemos el Evangelio en medio de nosotros y la fuerza de Jesús para hacer lo que él hizo.
Primero, escuchar su mensaje y tratar de convertirnos, de comenzar a vivir de acuerdo con el
Evangelio. Y, segundo, ser portadores de ese Evangelio para todos los que nos rodean. No hay
que temer porque seamos pocos o pobres. Así es como Dios quiere hacer presente su mensaje
en el mundo. En nuestras manos está.