El Bautismo del Señor

enero 11, 2020 jub

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Templo de las Carmelitas

  • 10:00 Misa. Sufr. Lolita Rosa Llombart y Vicente Llombart
  • 20:00 Misa. Sufragio, Margarita Álvarez Daudén

Ermita de Campolivar

  • 11:30   Misa

Ermita del Salvador

  • 12:30 Misa

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (42,1-4.6-7):

ESTO dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz

V/. Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

V/. La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R/.

V/. El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R/.

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (10,34-38):

EN aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,13-17):

EN aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

Hoy entendemos el Bautismo como un sacramento, un rito que hay que cumplir
para entrar a formar parte de la comunidad católica. Pero la fiesta de hoy nos recuerda que el Bautismo es algo mucho más profundo. Y que sería bueno que recuperásemos ese significado en nuestra vida cristiana.
Lo que hoy es apenas en la mayor parte de las parroquias un echar un poco de
agua sobre la cabeza del recién nacido, era al principio de la historia del cristianismo
y lo es todavía en algunas parroquias, un sumergirse completamente en el agua. El
agua es principio de muerte (en el agua nos ahogamos, no podemos respirar, lo que
se echa al agua se disuelve, se deshace, deja de existir) pero también es principio de
vida (científicamente se puede afirmar que la vida comenzó en el agua, el feto está
envuelto en líquido, del agua se resurge limpio y puro). El Bautismo tiene pues un
significado básico: expresa la muerte y la resurrección de una persona. El que se bautiza muere a una vida y al salir del agua comienza una nueva vida. Por eso la tradición cristiana hizo que en el Bautismo se impusiera un nuevo nombre a la persona. La nueva vida requería un nuevo nombre.
Todo es un signo. Nadie muere de verdad ni resucita de verdad. Pero hay momentos
en la vida en que se requiere un signo de ese tipo que rubrique un cambio real de vida en la persona. A veces, aunque no se produzca una muerte física, se dan cambios en la vida de una persona que traen ciertamente un nuevo estilo y una nueva orientación.
Con ese sentido tan profundo se bautizó Jesús. Hasta entonces había vivido como
uno más. Quizá se había retirado al desierto y allí había estado con el grupo de Juan
Bautista o con otros grupos. Fue allí donde maduró su decisión, donde reconoció
su llamada a anunciar la buena nueva del Reino. Por eso se bautizó. Fue una forma
de refrendar públicamente su nuevo estilo de vida. El Bautismo de Jesús marca una
frontera entre su vida anterior y posterior. Fue de verdad el comienzo de una nueva
vida al servicio del Reino de Dios.
Para nosotros el bautismo no tiene ese sentido. La mayoría fuimos bautizados de
recién nacidos. No recordamos nada de aquella celebración. No significó un antes y
un después en nuestra vida. Más bien nos sentimos inmersos desde el principio en
la tradición cristiana. Desde el principio de nuestra vida somos cristianos. Ahora se
trata de llevar a la práctica diaria lo que nuestro bautismo celebró y significó. Como
Jesús, estamos comprometidos a vivir de acuerdo con el Evangelio. A ser portadores
de la buena nueva para todo el mundo.
Para la reflexión:
¿Ha habido algún momento de mi vida en que me haya dado cuenta de verdad de lo
que significa ser cristiano y seguir a Jesús? ¿Qué debería hacer para vivir mi bautismo
con mayor fidelidad? ¿Trato de vivir como cristiano a lo largo de todo el día y con
aquellos con los que me encuentro?

Sugerencia

Cuando nos acercamos al Santísimo Sacramento es Jesús mismo quien se ha quedado con nosotros precisamente para anular las distancias. Él sabe que los humanos somos limitados y necesitamos estar frente a alguien para entablar amistad. De hecho, cuando decimos que vamos a visitar al Santísimo, expresamos que vamos a ver a una persona, que no es lo mismo que ir a mirar cómo crecen las plantas del jardín o ir a ver una exposición artística, no; vamos de visita, a compartir nuestro tiempo con alguien especial.
Nosotros los católicos visitamos el Santísimo, no porque vamos a acompañar al pobre Jesús que está solo en el altar, sino porque es Él quien ha querido quedarse en medio de nosotros, no solo como un recordatorio, sino para que siga actuando en nuestras vidas como lo hizo hace más dos mil años, porque desea seguir amando a la humanidad suplicante y necesitada, y porque, día tras día, quiere ofrecer su vida por la nuestra. Es bajo esa mirada cercana y amorosa con la que somos invitados a diario a unirnos al Señor, quien quiere no solo vernos de rodillas frente a Él, sino que mientras estemos ahí, quiere transformar nuestro corazón.
Tres cosas que ocurren en la vida de un cristiano que frecuenta a Jesús
Sacramentado en adoración:
1. Corrige nuestra perspectiva de las cosas: Necesitamos recordar quién es nuestro Dios y qué grande es su poder.
2. Nos da un corazón agradecido: Todo nos es dado gratuitamente y por amor, todo lo debemos en gratitud y fuera de Dios no tenemos nada.
3. Conmueve el corazón de Dios: Reconociendo que no entiendo nada, que no comprendo nada, pero que Dios está siempre ahí, deposito mi fe en Él.