Miércoles de la III semana de Pascua

mayo 8, 2019

Ermita del Salvador

  • 10:30 a 13:30 Besamanos a la Virgen
  • 17:00 a 19:30 Besamanos a la Virgen
  • 18:00 CATEQUISTAS DE INFANCIA Y JUVENTUD: reunión en el Oratorio
  • 19:30 Rosario
  • 20:00 Misa triduo. Sufr. Luís Mújica Alonso; Teresa Verdes; Francisca Boronat y José Benavent

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,1-8):

AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 65,1-3a.4-5.6-7a

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.

«Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre».
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna enteramente. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,35-40):

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor

Reflexión

De ciudadredonda

Edgardo Guzmán, cmf.

Queridos amigos y amigas:

En este tiempo de Pascua hacemos una lectura continua del libro de los Hechos de los Apóstoles. El texto que leemos hoy nos presenta la violenta persecución que se desató después del martirio de Esteban. La comunidad de Jerusalén se tiene que dispersar por Judea y Samaría. Es una dispersión que lleva a todas partes el Evangelio, aun en medio de la persecución los primeros cristianos eran capaces de reproducir el modo de ser y de actuar de Jesús. Esos signos que veían de los primeros discípulos y misioneros es lo que llenaba de alegría los lugares donde iban.

Este texto de los Hechos también nos recuerda la dimensión difícil de la fe, la Resurrección de Jesús no nos exime de la incomprensión o las persecuciones.  La Iglesia de hoy, como la de entonces, se enfrenta con circunstancias donde vivir el mensaje de Jesús es a precio de la propia vida. Pensemos en los cristianos que son perseguidos en países donde son minoría religiosa, o tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han sido asesinados por defender el derecho y la dignidad de los pobres. Resulta incómodo para este mundo las personas que se toman en serio la vivencia del Evangelio.

La luz de la Pascua debe abrirse paso en medio del dolor, la muerte o la tribulación. Somos llamados a ser portadores de esa luz aún en medio de la noche más oscura. ¿Podría decir como aparece en el libro de los Hechos que aun en medio de las dificultades soy capaz de llevar alegría? ¿La vivencia de mi fe me lleva a reproducir el modo de ser y actuar de Jesús? El testimonio de la primera comunidad cristiana nos sigue invitando a llevar paz donde hay violencia, perdón donde hay rencor, amor donde hay odio.

Esta es la vida nueva que nos comunica Jesús Resucitado, el pan que sacia nuestra hambre y sed más profunda. A la luz de este texto y de todo el discurso del «Pan de vida» podemos resignificar nuestra experiencia eucarística, la cual no se limita solo al ámbito litúrgico y sacramental. Cuando decimos que comulgamos el cuerpo-pan de Cristo: ¿qué comulgamos? Como dice el Papa Francisco: «El deseo de dejar en el centro de su corazón a Jesús», «comulgar significa pensar como él, amar como él, ver como él, caminar como él». Por el proceso de deglución lo que uno come se transforma en parte de uno, si aplicamos esta metáfora del comer a nuestra vivencia espiritual, al comer el Pan de vida nos transformamos en eso que comemos, por eso afirma Jesús: «el que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás… y yo lo resucitaré en el último día».

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com