V Domingo de Cuaresma

abril 6, 2019

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Templo de las Carmelitas

  • 10:30 Misa.
  • 20:00 Misa. Sufragio, Margarita Álvarez Dauden y Dif. Familia Benito Simón.

Ermita de Campolivar

  • 11:30 Misa. Sufr. Mercedes Reig Vicente y Carmen Lorente Ferrandiz

Ermita del Salvador

  • 12:30 Misa

El árbol bello

Antonio fue con su abuelo a hacer la compra al mercado de la ciudad.
En los puestos del gran mercado había multitud de cosas: verdura, carne,
peces, naranjas, balones, cubos para la playa y también árboles. En ese
tenderete fue donde se paró el abuelo Nicanor. El abuelo tocaba con sus ma-
nos las hojas de un viejo árbol al que miraba embelesado:
– ¡Abuelo! Vamos a ver los coches de aquel puesto del fondo.
– No, Antonio. Espera un momento, quiero comprar una planta para nuestro jardín y estoy a punto de elegir este árbol.
– ¡Este no abuelo! Es muy feo y tiene un color raro.
El abuelo le contestó sonriente:
– ¡Ay pequeño Antonio! Si esperas un tiempo este árbol será muy hermoso.
Solo necesita paciencia y cariño.
Antonio levantó los hombros en un gesto de no saber de qué le hablaba su abuelo mientras éste pagó el árbol y entre los dos lo llevaron a casa.
Desde ese día el abuelo regaba el pequeño arbolito todas las mañanas con gran cariño, quitándole las hojas secas y vigilando que los perros no escarbaran en la tierra. El niño daba un paseo por el jardín y miraba al resto de los árboles que le parecían mucho más grandes y bonitos que ese.

Al cabo de varias semanas el árbol empezó a perder sus hojas oscuras y se
fue cubriendo de verdes hojas nuevas.
Pasado más de un mes Antonio salió al jardín como de costumbre a jugar a fút-
bol. Le dio una patada tan fuerte al balón que este salió volando por los aires
hasta quedar a los pies de un frondoso árbol de tronco duro y marrón, preciosas
florecillas rosas y enormes hojas verdes.
El niño no pudo evitar sonreír y empezar a gritar:
– ¡Abuelo! ¡Sal abuelo! ¡Ven a ver esto!
– ¿Qué quieres Toño? – Nicanor se acercó a su nieto con paso lento-.
– Mira que bonito.
– Sí que lo es, sí.
– ¡Qué bien huelen sus flores! Voy a cortar una para el jarrón de la abuela.
– ¿Ves Antonio? No debemos juzgar las cosas por su apariencia…Tienes
que aprender que la belleza de las cosas, al igual que la de las personas, está en su interior.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (43,16-21):

Esto dice el Señor, que abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, la tropa y los héroes: caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, corrientes en el yermo.
Me glorificarán las bestias salvajes, chacales y avestruces, porque pondré agua en el desierto, corrientes en la estepa, para dar de beber a mi pueblo elegido, a este pueblo que me he formado para que proclame mi alabanza».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6

R/. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.

Recoge, Señor a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3,8-14):

Hermanos:
Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una
justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.
Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos.
No es que ya haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo.
Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacía el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
– «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
– «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
– «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó:
– «Ninguno, Señor».
Jesús dijo:
– «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a “proclamar la liberación de los cautivos […] y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.
De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a “una mujer sor-
prendida en adulterio”. No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le
interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: “En la
Ley de Moisés se manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?”
La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer, angustiada; la
gente, expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella
mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última
palabra de Dios sobre esta hija suya?
Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.
Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de
la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio peca-
do. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitamos su perdón.
Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: “Aquel de vosotros que no tenga pecado puede tirarle la primera piedra”. ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propios pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?
Los acusadores se van retirando uno tras otro. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: “Yo no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo”.
El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice
“Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más”.
Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.

Avisos parroquiales

Cáritas Parroquial:

  • Tendremos el reparto de alimentos para los usuarios de Cáritas, el lunes 8 de abril, de 18 a 19 h, en el Centro Parroquial.

Todos los Viernes de Cuaresma

  • Tenemos Exposición del Santísimo, Rezo de Vísperas y Vía Crucis a las 7 de la tarde, en la Ermita El Salvador.

CAMBIOS DE HORARIOS:

  • Con motivo del Inicio de la Semana Santa, habrán cambios de horarios de todas las Celebraciones en las parroquias y en el Templo de las Carmelitas.

“Una Vida con Propósito” ¿Para qué estoy aquí en la tierra?
de Rick Warren. Editorial Vida:

  • Encontrarás una síntesis de los siguientes ocho capítulos de este libro, como suplemento del Boletín de comunicación parroquial.

Adoración al Santísimo,

  • Peticiones, silencio, acción de gracias y cantos, todos los sábados de 7 a 8 de la tarde en la Ermita de El Salvador.