Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario

marzo 1, 2019

Ermita del Salvador

  • 19:00 Exposición del Santísimo y Rezo de Vísperas
  • 20:00 Misa

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (6,5-7):

UNA palabra amable multiplica los amigos
y aleja a los enemigos,
y la lengua afable multiplica los saludos.
Sean muchos los que estén en paz contigo,
pero tus confidentes, solo uno entre mil.
Si haces un amigo, ponlo a prueba,
y no tengas prisa en confiarte a él.
Porque hay amigos de ocasión,
que no resisten en el día de la desgracia.
Hay amigos que se convierten en enemigo,
y te avergüenzan descubriendo tus litigios.
Hay amigos que comparten tu mesa
y no resisten en el día de la desgracia.
Cuando las cosas van bien, es como otro tú,
e incluso habla libremente con tus familiares.
Pero si eres humillado, se pone contra ti
y se esconde de tu presencia.
Apártate de tus enemigos
y sé cauto incluso con tus amigos.
Un amigo fiel es un refugio seguro,
y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio
y su valor es incalculable.
Un amigo fiel es medicina de vida,
y los que temen al Señor lo encontrarán.
El que teme al Señor afianza su amistad,
porque, según sea él, así será su amigo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,12.16.18.27.34.35

R/. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos

V/. Bendito eres, Señor,
enséñame tus decretos. R/.

V/. Tus decretos son mi delicia,
no olvidaré tus palabras. R/.

V/. Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. R/.

V/. Instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R/.

V/. Enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R/.

V/. Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,1-12):

EN aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor

Medita lo que te dice el Evangelio

La cuestión del divorcio

La vocación al matrimonio, es la vocación a perpetuar la vida, a seguir unidos a Dios, por la fe y la doctrina.

El matrimonio es la vocación al amor.

Cuando una persona siente la llamada a realizarse dentro de la lícita y válida unión entre un hombre y una mujer, desea hallar esta otra “mitad suya” para que entre los dos, con Dios, haciendo un todo, vivan juntos y unidos para las obras de caridad, uno al otro, y cada uno a todos, para que la Iglesia continúe peregrinando por el mundo, ayudando a todos a salvarse.

El amor entre un hombre y una mujer, es lo que debe llevarles a darse en matrimonio, a prometerse fidelidad y ayuda mutua, para cumplir las promesas de Dios, que desea que todas las personas se salven.

No hay divorcio que valga, desde que Jesús, Dios, dijo que el amor es lo que une en el matrimonio. Lo que hay que hacer es amarse.

No puede el hombre vivir sin Dios, aun dentro mismo del matrimonio; el hombre, la persona, necesita a Dios, de Dios, servirle y agradarle.

Quien viva el amor en el matrimonio canónico, vive la dicha de una vocación que Dios mismo, en Adán y Eva, dio testimonio de obra de Dios. Casarse, es para dar Gloria a Dios, en este amor humano de hombre y mujer. Por eso, no puede ser válido ningún divorcio ante Dios; lo que se unió libremente, en promesa solemne ante Dios, no lo separe el hombre, no lo separe ninguno de los dos cónyuges.

Creed en Dios, creed en el matrimonio, porque Dios los hizo hombre y mujer, para que así poblaran la tierra. Amén.

P. Jesús

© copyright