6 de noviembre. Martes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario

noviembre 6, 2018 jub

Ermita del Salvador

  • 19:30 Rosario
  • 20:00 Misa

Encuentro Francisco

El Lunes 5, Martes 6 y Miércoles 7 de Noviembre en el Salón Parroquial de El Salvadora las 20.30 horas. (Calle Manuel Tomás, 6)

TEMARIO:

Martes 6 de noviembre: Por una Iglesia radicada en el Concilio Vaticano II.

  1. ¿Qué deberíamos conocer del Concilio y qué conocemos?
  2. Las grandes líneas de vivencia eclesial marcadas por el Concilio.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,5-11):

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 21,26b-27.28-30a.31-32

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos. R/.

Porque del Señor es el reino,
el gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba. R/.

Mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,15-24):

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado.” Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.” Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.” Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.” El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.” El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.” Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.” Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

De catholic.net

Creo que a todos, de alguna manera, nos gusta sentirnos queridos, amados…, que haya alguien que se interese, que se preocupe por nosotros…, en fin, nos gusta que nos tengan en cuenta.

No sé si llegamos a ser conscientes de que a pesar que parezca que no hay nadie que se tome un momento para pensar en nosotros -o incluso habiendo alguien que lo haga por lo menos una vez- siempre hay alguien que lo hace constantemente. El punto clave aquí es que ese alguien no es cualquier “alguien” sino que es el mismo Dios.

“Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa” -dice el Señor a su criado. El Señor nos revela esa parte de su corazón que busca, que quiere, que se emociona. Nos desvela su insistencia, la insistencia de alguien que quiere al amigo y que quiere estar a su lado. La insistencia de alguien que sabe que la fiesta sorpresa sólo tiene sentido si el amigo para quien fue preparada asiste a ella.

Es cuestión de que pongamos un poco más de atención en nuestros días, pues, esta invitación siempre está, siempre se renueva. Sin embargo, muchas veces por las mil y un actividades que se presentan no nos damos cuenta que es Dios mismo el que nos grita: “Venid, que ya está preparado”. No nos damos cuenta que el banquete es para nosotros.

El hecho es que no entiende la gratuidad de la salvación, piensa que la salvación es el fruto del “yo pago y tú me salvas”: yo pago con esto, con esto y con esto. No, la salvación es gratuita. Si tú no entras en esta dinámica de la gratuidad, no entiendes nada. La salvación es un regalo de Dios al cual se responde con otro regalo, el regalo de mi corazón. Hay quien tiene otros intereses, cuando escuchan hablar de regalos: “Sí, es cierto, sí, pero se debe hacer regalos”. E inmediatamente piensan: “He aquí, yo haré este regalo y él mañana y pasado mañana, en otra ocasión, me hará otro”, siempre un intercambio. El Señor no pide nada a cambio: solo amor, fidelidad, como Él es amor y Él es fiel. La salvación no se compra, simplemente se entra en el banquete: “Bienaventurado quien coma en el reino de Dios”. Y esta es la salvación.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de noviembre de 2017).