30 de julio. Lunes de la XVII semana del Tiempo Ordinario

julio 30, 2018

Ermita del Salvador

  • 19:30 Rosario
  • 20:00 Misa

Avisos

  • Cáritas parroquial. Lunes 6 de agosto de 18:00 a 19:00. en el Centro Parroquial se  realizará la acogida y recogida de alimentos
  • No habrá misa de domingo en la Ermita del Salvador del 5 de agosto al 2 de septiembre incluido

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (13,1-11):

Así me dijo el Señor: «Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua.»

Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.
Me volvió a hablar el Señor: «Torna el cinturón que has comprado y llevas ceñido, levántate y ve al río Éufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras.»
Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.
Pasados muchos días, me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí.»
Fui al Éufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.
Entonces me vino la siguiente palabra del Señor: «Así dice el Señor: De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón, que ya no sirve para nada. Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel –oráculo del Señor–, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon.»

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,18-19.20.21

R/. Despreciaste a la Roca que te engendró

Despreciaste a la Roca que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor, e irritado
rechazó a sus hijos e hijas. R/.

Pensando: «Les esconderé mi rostro
y veré en qué acaban,
porque son una generación depravada,
unos hijos desleales.» R/.

«Ellos me han dado celos con un dios ilusorio,
me han irritado con ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio,
los irritaré con una nación fatua.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,31-35):

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Palabra del Señor

Reflexión

De catholic.net

Al leer este Evangelio, puede surgir en nosotros la pregunta: ¿Se puede instaurar el Reino de Dios en este mundo? La respuesta es obvia, ¡claro que sí!, pero se da de una manera diferente a como sucede de ordinario.
Al ser el Reino de Dios un Reino de amor, se debe de instaurar amando; pero estos actos de amor empiezan con los detalles. Con pequeños actos de amor, con pequeños detalles se construye el Reino de Dios en el mundo. Al inicio parecen hechos insignificantes, pero en su fruto no se compara.
El amor, por pequeño que sea no deja nada indiferente. El amor cambia poco a poco a quien lo recibe y a quien lo da. Sólo el amor tiene el efecto mariposa, pues con un simple aleteo o acto pequeño de amor, se tendrá un gran cambio después. Un simple aleteo puede ocasionar un gran tsunami, y un gran acto de amor una gran revolución de amor.
No nos podemos cansar de amar en cada momento, haciendo unos pocos actos de amor. Construyamos el Reino de Dios desde los pequeños actos; que todo lo que hagamos, aun lo más insignificante, sea con todo nuestro corazón. Pidámosle a María Santísima, que a ejemplo de ella, que supo construir día a día en el silencio y con pequeños detalles el Reino de Dios, podamos, de igual manera, hacer crecer el Reino de Dios en el mundo desde los pequeños detalles de amor.

«Cristo, utiliza dos ejemplos sencillos de la vida cotidiana»: el del grano de mostaza y la levadura. Ambos son pequeños, parecen inofensivos, pero cuando entran en ese movimiento, tienen dentro un poder que sale de sí mismos y crece, va más allá, también más allá de lo que se pueda imaginar. Este es el misterio del Reino. La realidad es que el grano tiene el poder dentro, la levadura tiene el poder dentro y también el poder del Reino de Dios viene desde dentro; la fuerza viene de dentro, el crecer viene de dentro.»
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2017, en santa Marta).