28 de julio. Sábado de la XVII semana del Tiempo Ordinario

julio 28, 2018

Ermita de  Campolivar

  • 19:00 Misa del Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Templo de la Carmelitas

  • 20:00 Misa del Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Lecturas del sábado

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (7,1-11):

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: “¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor! Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: ‘Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.’ Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre. Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: ‘Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones? ¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto.”» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 83,3.4.5-6a.8a.11

R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor, mi corazón
y mi carne retozan por el Dios vivo.R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
y la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza;
caminan de baluarte en baluarte.R/.

Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa, y prefiero
el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,24-30):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»

Palabra del Señor

Reflexión

Dios nos dio la vida para que creciésemos como la semilla que tiende hacia el bien. Somos sus hijos adoptivos porque Él así lo ha querido. Desde el día en que hemos sido bautizados en su nombre obtuvimos la gracia de ser semillas buenas por naturaleza al reconocer a Dios como Padre.

Ahora bien, así como lo es el pecado, la cizaña está en nosotros sin ser parte de nosotros. Nuestro deber es no dejar entraral mal en nuestro interior pues, aveces, podrá parecer que el mal está tan adherido a nuestro corazón que sentimos o creemos que ya no somos capaces de obrar correctamente.

El bien y el mal parecen ser temas tan repetidos, pues desde que fuimos pequeños se nos enseñaban que esto estaba bien y aquello estaba mal;incluso cada vez que abrimos el periódico encontramos todo tipo de noticias, positivas y negativas. Sin embargo,debemos procurar hacer crecer aquella virtud que Dios nos ha donado por pequeña que sea, aunque haya una gran cantidad de defectos, de pecados, de cizaña.

Lo importante es hacer crecer el mucho o poco trigo que ha sido sembrado en nuestros corazones. Al final de los tiempos podremos presentar todo el trigo que cultivamos con gran esmero a lo largo de nuestra vida.

El cristiano sabe que el Reino de Dios, su Señoría de amor está creciendo como un gran campo de grano, aunque en medio está la cizaña. Siempre hay problemas, están los chismorreos, están las guerras, están las enfermedades… están los problemas. Pero el grano crece, y al final el mal será eliminado. El futuro no nos pertenece, pero sabemos que Jesucristo es la gracia más grande de la vida: es el abrazo de Dios que nos espera al final, pero que ya desde ahora nos acompaña y nos consuela en el camino.
(Audiencia de S.S. Francisco, 23 de agosto de 2017).