21 de julio. Sábado de la XV semana del Tiempo Ordinario

julio 21, 2018

Ermita de  Campolivar

  • 19:00 Misa del Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Templo de la Carmelitas

  • 20:00 Misa del Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Lecturas del sábado

Primera lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (2,1-5):

¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.
Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: “Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.” Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 9,22-23.24-25.28-29.35

R/. No te olvides de los humildes, Señor

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado. R/.

El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.» R/.

Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente. R/.

Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,14-21):

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

De catholic.net

En mis cumpleaños, mi familia siempre me regalaba cosas y siempre picábamos una torta. Pero un año, en especial, por algunos problemas familiares nada de esto pasó ¿Cómo fue mi cumpleaños? ¡Genial! Porque lo que me importaba era el amor de mi familia, el más grande de todos los regalos
Y el amor es la razón principal por la cual Jesús les mandó, a los que curó, no decir anda. Muchos de nosotros podemos pensar que era para que no lo mataran, pero es mucho más difícil que a uno lo maten cuando todos te siguen para que los cures. La intención real de Jesús era que todo aquél que quisiera seguirlo fuera, no por sus regalos, sino por el gran regalo, el amor de Dios.
El único regalo que debemos buscar es el regalo del amor, los demás regalos no son necesarios; no digo que sean malos, pero sólo serán buenos en la medida que muestren el amor. Y es lo que hace Dios en toda nuestra vida, lo que nos regala, sea bendición o cruz, es para darnos el gran regalo, el Amor. Porque Dios no es una gallinita de oro o un hospital de buena calidad gratuito. Dios es la persona que nos ama. Aquél que nos ha dado todo, no para vivir bien, sino porque nos ha amado desde siempre.
¿Cómo podemos responder? Recibiéndolo; recibir con amor el gran regalo sin interesarme de qué está acompañado porque lo que importa solamente es el amor de Dios. Pidamos al Señor que tengamos las manos vacías de regalos inútiles para poder recibir su amor, el mayor regalo en nuestra vida.

«Nos hace bien recordar que nuestras vocaciones son una llamada de amor para amar, para servir. No para sacar tajada para nosotros mismos. ¡Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió, no fue por ser más numerosos que los demás, pues son el pueblo más pequeño, sino por amor! Así le dice el Deuteronomio al pueblo de Israel. No te la creas, no son el pueblo más importante, son de lo peorcito, pero se enamoró de ese, y bueno, qué quieren, tiene mal gusto el Señor, pero se enamoró de ese… Amor de entrañas, amor de misericordia que mueve nuestras entrañas para ir a servir a otros al estilo de Jesucristo. No al estilo de los fariseos, de los saduceos, de los doctores de la ley, de los zelotes, no, no, esos buscaban su gloria.»
(Discurso de S.S. Francisco, 20 de enero de 2018).