1 de junio. Viernes de la VIII semana del Tiempo Ordinario

junio 1, 2018

Ermita del Salvador

  • 19:00 Exposición del Santísimo y rezo de Vísperas
  • 20:00 Misa. Sufragio José Colomer Sancho

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (4,7-13):

El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo, porque el amor cubre la multitud de los pecados. Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar. Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Queridos hermanos, no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba, como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,10.11-12.13

R/. Llega el Señor a regir la tierra

Decid a los pueblos: El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (11,11-26):

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti.»
Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos.” Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.»
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»
Jesús contestó: «Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: “Quítate de ahí y tirate al mar”, no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.»

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

De catholic.net

Más que dar una lección sobre los frutos en la vida, al final das a los apóstoles una lección de fe y una invitación a la oración.
A veces, Señor, vivo preocupado por producir frutos en mi vida. Sin embargo, al final de este pasaje me hablas de la fe. La fe que implica poner todo de mí al servicio de Ti y de tu Reino, pero que en definitiva seas Tú quien produzca los frutos.
La fe me impulsa a creer en totalidad que no es por mérito mío que se dan frutos de santidad, de apostolado en mi vida. El celo apostólico se basa en esta fe que sabe que los frutos no son para mí mismo sino para Ti y para tu Reino. El celo apostólico, sin la fe, se convierte en filantropía vacía, en acciones positivas.
Los frutos sólo pueden ser productos de la fe. De ver la acción tuya detrás de mis acciones, tu trabajo detrás del mío, tu sudor dentro del mío.
La otra lección que das a los apóstoles, después que han visto la higuera seca, es sobre la oración. Esto es importante pues con ello me recuerdas mi vocación, llamada, también, a la vida profunda de oración. Es fundamental al apóstol mantener una vida de oración consistente. Los frutos se inician a cosechar en la oración y no sólo en el campo de batalla.
Dame la gracia de tener una fe sólida y una vida de oración firme que me permita dar fruto abundante por Ti y por tu Reino.

«El Evangelio de hoy propone tres modos de vivir en las imágenes de la higuera que no da frutos, en los comerciantes del templo y en el hombre de fe. […] Les invito a pedir al Señor que nos enseñe este estilo de vida de fe y que nos ayude a no caer nunca, a nosotros, a cada uno de nosotros, a la Iglesia, en la esterilidad y en el mundo de los negocios.»
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2015, en santa Marta).