20 de mayo. Domingo de Pentecostés

mayo 19, 2018

Templo de las Carmelitas

    • 10:30 Misa
    • 19:30 Rosario
    • 20:00  Misa cantada. Sufragio Margarita Álvarez  Dauden y  José Colomer Sancho

A continuación solemne procesión

Concurso de calles y balcones adornados.

Entronización de la imagen y canto del himno de la Coronación.

Ermita del Campolivar

  • 11:30. Misa. Sufragio  Mercedes Reig Vicente.

Ermita del Salvador

  • 12:30. Misa

 Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11):

AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34

R/. Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,3b-7.12-13):

HERMANOS:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos
estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir
entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan.
No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del
vacío interior.
Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde
fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia
dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdi-
dos que nunca. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.
Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa
quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos,
pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por
qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la tristeza? Ven Espí-
ritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.
Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué? Queremos sen-
tirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar intensamente de
la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien.
Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por
qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.
Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Ne-
cesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan aburri-
do. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amisto-
sos. Al sexo le llamamos “amor” y al placer “felicidad”, pero ¿quién saciará nuestra
sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.
En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o
atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar
su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía.
Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al
Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.
Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos
muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del Espíritu Santo a todos nos dice
Jesús lo que un día dijo a sus discípulos exhalando sobre ellos su aliento:”Recibid
el Espíritu Santo”. Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta
nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce.