22 de diciembre. Viernes de la III semana de Adviento

diciembre 22, 2017

Ermita del Salvador

  • 19:30 Rosario
  • 20:00 Misa. Sufr. Luisa Martinez Cano (1º aniversario); Rafael y Miguel

Avisos Parroquiales

Evangelio 2018

  • Ya podéis adquirirlo en la Sacristía de las parroquias. Está en letra grande, con comentarios del Papa Francisco, reflexiones y oraciones. El donativo es de 4,50 €.

Adorno Navidad

  • Ya tenéis a vuestra disposición las colgaduras del Niño Jesús y de la Sagrada familia, para adornar nuestros balcones durante este tiempo de Navidad. El donativo es de 15 €

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (1,24-28):

En aquellos días, una vez que Ana hubo destetado a Samuel, lo subió consigo, junto con un novillo de tres años, unos cuarenta y cinco kilos de harina y un odre de vino. Lo llevó a la casa del Señor a Siló y el niño se quedó como siervo.
Inmolaron el novillo, y presentaron el niño a Elí. Ella le dijo:
«Perdón, por tu vida, mi Señor, yo soy aquella mujer que estuvo aquí en pie ante ti, implorando al Señor. Imploré este niño y el Señor me concedió cuanto le había mi pedido. Yo, a mi vez, lo cedo al Señor. Quede, pues, cedido al Señor de por vida».
Y se postraron allí ante el Señor.

Palabra de Dios

Salmo

1S 2,1.45.6-7.8abcd

R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador

V/. Mi corazón se regocija en el Señor,
mi poder se exalta por Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.

V/. Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor.
Los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

V/. El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.

V/. Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,46-56):

EN aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
“se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
“su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
“derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia”
—como lo había prometido a “nuestros padres”—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Miles de personas soñarían con tener un mensaje personal de la Santísima Virgen, y hoy el Evangelio nos quiere regalar –el- mensaje directo de nuestra Madre.

La Palabra de Dios nos contagia de la alegría de María que tiene a Jesús en su vientre y quiere que le amemos tanto como lo ama ella.
Una actitud de alguien que ama profundamente es saber captar los pequeños detalles sin necesidad de palabras y por eso María nos quiere enseñar a ser agradecidos, a ser humildes, para poder tener en nuestro día un detalle de amor, en primer lugar con Jesús, y después con todos aquellos con los que nos encontremos hoy.

Pensemos en todas las bendiciones que Dios nos ha dado este año ¡Qué hermoso revivir esos momentos en la memoria! Pero también pensemos en las cruces que nos han causado sufrimiento ¿Ya agradecimos por ellas también? El sufrimiento es un tema sobre el que quisiéramos hacer «borrón y cuenta nueva», sin embargo, viene Jesús niño y no solo quiere llenar ese vacío, sino que quiere sanar nuestra alma y llenarla de alegría. Jesús es el «pequeño» gran detalle de amor que Dios quiere regalarnos.

Contagiemos en este día la alegría del Evangelio, la alegría de tener a Jesús dentro de nosotros, como María que aguarda con esperanza el nacimiento de su hijo.

«En realidad, nuestra alegría es un reflejo de la alegría de María, porque es Ella quien ha cuidado y cuida con fe los eventos de Jesús. Recitamos por tanto esta oración [el Regina coeli] con la conmoción de los hijos que están felices porque su Madre está feliz.»
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de abril de 2015).