3 de diciembre. I Domingo de Adviento

diciembre 2, 2017

Templo Carmelitas

10:30 h. Misa

20:00 h.Misa  Sufr. Margarita Álvarez Dauden; Difuntos de la familia Benito Simón

Ermita de Campolivar

11:30 h. Misa

Ermita de El Salvador

12:30 h. Misa

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (63,16b-17.19b;64,2b-7):

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «Nuestro redentor».

Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia, jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos; aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19

R/. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R/.

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti;
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,3-9):

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,33-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A pocos días de la solemnidad de la Inmaculada concepción de María, el evangelio de hoy nos invita a «mirar, vigilar y hacer».
Mirar: las maravillas que Dios ha creado para nosotros, todo lo bueno que hemos vivido en nuestra familia y grupo de amigos. Esos momentos de alegría que hemos compartido, momentos difíciles en que lloramos, nos encontramos solos, tristes; pero siempre ha habido alguien que nos ha consolado, nos ha animado a seguir adelante y por lo que hemos comprendido que no estamos solos.
Vigilar:
I. Cada detalle de nuestra vida de gracia, los detalles en nuestra familia, en nuestra vida de esposas (os), como hijas (os), como hermanas (os), o como novias (os).
II. Que el fuego de amor, que existe, arda cada día más.
III. Los detalles en nuestra vida de padre, madre, en nuestro trabajo, en nuestra vida de hija (o) en nuestra vida de estudiante, para que la ligereza, la superficialidad no entren en nuestra vida.
Hacer:
I. Con amor y responsabilidad nuestra parte y un poco más en nuestra vida.
II. Sonreír y dar lo mejor de nosotros. Como papá o mamá guía, acompañemos a nuestras hijas (os), sin juzgarles – sabemos que muchas veces tomarán decisiones no muy acertadas. Como hijas (os) seamos amigas (os) de nuestros padres, apoyémoslos, abrasémoslos y hagamos que sientan nuestro amor.
III. Y, sobre todo, busquemos estar con Dios, quien sabe que somos débiles pero siempre nos espera con los brazos abiertos.

La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»
(Cf Discurso de S.S Benedicto XVI, 20 de agosto 2005).